miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Qué podemos entender por Nobleza?

Qué es la nobleza?

Aquí entramos en el terreno de los prejuicios, pues la propaganda Estatalista ha creado una imagen malévola de la nobleza en el subconsciente colectivo a efectos de consolidar su poder.

Un noble no es una marioneta de un Rey francés.

Un noble no es un cortesano que vive en Versalles o Madrid, cuyo único propósito es complacer a un Monarca, de modo que éste le otorgue más títulos y Grandezas. Los cortesanos fueron el producto degenerado de tiempos decadentes. Éstos no son nobles. Son burócratas corruptos, equiparables a los que podemos encontrar hoy en cada Ministerio.

El gran jurista medieval Bartolus de Saxoferrato (1313–1357) sigue los postulados de Aristóteles, quien en su “Tratado de la Política” define al noble como a un individuo libre cuya virtud inspira y lidera, distinguiéndose así de la masa servil y carente de talento. Bartolus aplaude el argumento de Dante Alighieri en su “Convivio” de que la nobleza no se deriva de antiguas riquezas adornadas con finas maneras, sino de la virtud individual. Godofredo de Charny (1300-1356) argumentó que “Dios marcará a aquellos que trabajan valerosamente, aún cuando provengan de orígenes humildes”[1]. De ahí la expresión Renacentista “Virtus vera nobilitas est”.

Entendamos que la nobleza no es otorgada por un Rey. Un Monarca o Papa puede (o no, según le plazca) reconocer públicamente la nobleza de un individuo o familia[2]. Mas como dijo el XI Conde de Lemos al Rey Felipe V, su nobleza procedía de Dios y el Tiempo[3]. Julian Pitt-Rivers indicó que “mientras que el soberano es, en un sentido, ‘fuente de honores’, también es enemigo del honor, pues reclama el arbitrio del mismo”[4]. En la biografía de Sir William Marshal, escrita al poco de su muerte (1219), su autor declara que los monarcas emponzoñan el ideario de la nobleza: “El espíritu de la caballería ha sido hecho prisionero. La vida del caballero errante ha sido reducida a la del litigante en cortes”.[5] Un individuo libre actúa virtuosamente cuando se rebela contra los designios de un soberano indigno o un Estado despótico. Si el monarca fuese la única fuente de nobleza, sólo premiaría a aquellos cortesanos que servilmente trabajasen para avanzar los corruptos planes de su amo. Por Versalles y Madrid han desfilado miles de tales esbirros, adornados con títulos de Conde, Marqués o Duque.

En contraposición la hidalguía, que es la nobleza de sangre[6], no podía ser concedida por el Rey[7]. El Código de las Siete Partidas[8] establece dos medios de acceder a la hidalguía:
  • Por saber, es decir el conocimiento y la práctica de Ciencias y Artes Liberales.
  • Por bondad de costumbres.

Debemos distinguir los conceptos de nobleza y aristocracia. El primero se circunscribe al ámbito de las virtudes individuales, mientras que el segundo ser refiere a un régimen de gobierno (krátos) mendiante el cual un reducido colectivo de personas auto-calificadas como “mejores” (aristos) impone su voluntad frente a los demás. Si bien vulgarmente ambos términos han sido empleados como sinónimos, en realidad son contradictorios, pues el noble es un individuo libre que aborrece y se rebela contra el régimen autoritario impuesto por la aristocracia. Así lo comprendieron Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, y con ellos los demás nobles hidalgos que se rebelaron contra el Imperialismo de Carlos V de Alemania durante la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522).

¿Qué es entonces la nobleza? Filosóficamente, un noble es una persona que se conoce a sí misma. Nobleza es el resultado de un conocimiento filosófico introspectivo, cuyas consecuencias en el plano existencial se plasman en un modo de vida que el público identifica como sublime modelo para generaciones venideras. Los Griegos y Romanos, Fundadores de nuestra civilización, resumieron esta búsqueda del autoconocimiento con dos máximas: γνθι σεαυτόν, y nosce te ipsum.

Este conocimiento interior no es transmisible por el lenguaje común (inefable), y sólo es alcanzable a través de la vía iniciática del autoconocimiento. No existen Universidades del autoconocimiento, ya que cada individuo es diferente. Es un viaje que debe ser emprendido en solitario, pues sólo nosotros tenemos acceso a lo más profundo de nuestra alma.

Hablamos de un conocimiento que imprime carácter. No es posible retornar de este viaje sin sufrir una total transformación vital. El resultado es una persona libre. Libre de miedos, libre de complejos, libre de esclavitud moral o material. Una persona que sólo responde a su conciencia, y cuyas acciones son honorables y consistentes con un ideario magnánimo y magnífico.

El lector estará leyendo estas líneas con una sonrisa en sus labios. A nosotros, los autores, también nos dan risa muchas de las personas que algunos monarcas y Papas han decidido reconocer con un título de nobleza. Estos títulos se han convertido en certificados de vanidad y tontería, en numerosas ocasiones comprados por personas con baja autoestima. Cabe cuestionar la razón por la que un noble, es decir, un individuo supuestamente libre, virtuoso y de principios morales, pagaría por un diploma que lo certifique como vasallo o esclavo de nadie, sea éste Rey, Emperador o Papa.[9]

Le proponemos al lector el siguiente examen de conciencia:
  1. ¿Es Usted una persona libre e independiente? ¿Está en control de su mente y cuerpo? ¿Comprende sus responsabilidades y acepta las consecuencias de sus actos por voluntad propia?
  2. ¿Es Usted una persona moral? ¿Es capaz de distinguir entre el bien y el mal? ¿Desea transmitir e inspirar este conjunto de principios, valores y virtudes a sus descendientes?
  3. ¿Es Usted una persona cívica? ¿Se esfuerza constantemente por convertirse en un ser humano más perfecto? ¿Participa en actividades encaminadas a mejorar su sociedad?

Rogamos al lector que se auto-examine honestamente. Si es capaz de responder afirmativamente y sin reservas a todas y cada una de estas preguntas, estos autores tienen pocas dudas de que Usted es una persona noble. Quizá no ha sido consciente de haber emprendido el viaje del autoconocimiento, pero sus obras manifiestan que este conocimiento vive en Usted. Quizá no tenga un blasón, o un palacio, o una gota de sangre real, pero Usted dispone de aquello que es más preciado para un noble: Honor. Ojalá muchos de los títulos del Reino que se esconden bajo el glamour de algunos marquesados y ducados tuviesen su nobleza.

Un Rey no puede hacer nobles, por el mismo motivo que no puede hacer buenas personas. Sólo Dios y el Tiempo pueden hacerlo. Analicemos qué quiere decir esta máxima del XI Conde de Lemos:
·         ¿Por qué Tiempo? Al igual que los individuos, algunas familias se desarrollan hasta adquirir madurez, confianza e identidad propia. Al cabo de este largo proceso, los individuos de familias así bendecidas se sacrifican por descendientes que jamás conocerán, y éstos estudian y honran la memoria de ancestros de Eras pasadas. Aunque Usted no posea una genealogía milenaria, es muy posible que su familia haya transmitido a través de incontables generaciones un legado de valores espirituales. Desde su niñez, estos altos principios morales han sido profundamente inscritos en su mente y alma. Ellos le inhiben de participar en actividades bajas y denigrantes. Ellos le han guiado hasta convertirse en un ser virtuoso y “una piedra más que da soporte al edificio que es la sociedad”. Piense en estos pares: Julio César y Augusto, el Duque de Malborough y Winston Churchill. Cada uno de ellos se enfrentó a una crisis cuya resolución definió su Era. Estas personas podrían haber evadido sus responsabilidades, al igual que hicieron muchos de sus coetáneos. No obstante, un sentido de rectitud moral, transmitido por Siglos en sus familias, les enseñó a dominar sus miedos y enfrentarse a las amenazas que ponían en peligro a sus respectivas sociedades. Al oponerse a la tiranía de su tiempo, estaban respondiendo a la llamada de sus familiares y ancestros. Encontrará ejemplos de gente inspirada por la memoria de sus antepasados en el campo de las Artes (los Mozart), Ciencias (los Bernoulli, los Curie[10]), Política (los Adams), Mecenazgo (los Medici), Ejército (McCain), Negocios (Rothschild)… o en una combinación de éstos (los Alba, Medinaceli, Velasco, Lemos, etc.).
·         ¿Por qué Dios? En ocasiones, la historia nos sorprende con seres humanos extraordinarios que, contra toda probabilidad, triunfan frente a cada adversidad hasta convertirse en ejemplos para el conjunto de la humanidad y las generaciones venideras. Hablamos de Abraham Lincoln, el Dr. Martin Luther King Jr., la Madre Teresa de Calcuta, Don Santiago Ramón y Cajal, etc. Sus orígenes no permitían anticipar el éxito que alcanzaron y los beneficios que gratuitamente dispensaron al conjunto de la humanidad. Ningún Rey les concedió un título por ello, pero quien no piense en estos individuos como nobles, debería revisar su definición de este término[11].



[1] “Livre de chevalrie”, en Oeuvres de Froissart, ed. K. de Lettenhove I, pt. iii, 494, 495.
[2] “Yo no soy de los que, el Rey, Señor, trata como Grandes, sino que soy Grande y tan antiguo como no hay en Castilla” (I Conde de Lemos).
[3] “Vuestra majestad es dueño de mandar cubrir en su real presencia a quien le pareciere, pero la grandeza de los Condes de Lemos la han hecho Dios y el tiempo” (XI Conde de Lemos a Felipe V).
[4] "Honour and Social Status", en Peristiany, ed., “Honour and Shame”, Chicago, 1970.
[5] “L'Histoire de Guillaume le Marechal”. Manuscrito del s.XIII preservado en la Pierpont Morgan Library de New York, con número de catálogo M888.
[6] “Llamamos Hidalgos de Sangre a aquellos que no hay memoria de su principio ni se sabe por escritura en qué tiempo comenzó, ni qué Rey hizo la merced, la cual escuridad tiene la república recibida por más honrosa que saber distintamente lo contrario”. Huarte de San Juan, Juan (1575): Examen de ingenios para las ciencias. Editado por Guillermo Serés en 1989. Ed. Cátedra, Madrid. ISBN 9788437608723. También citado en Sánchez Cantón, Francisco Javier, ed (1948): Floreto de anécdotas y noticias diversas que recopiló un fraile dominico residente en Sevilla a mediados del Siglo XVI. Memorial Histórico Español. Real Academia de la Historia. Ed. Maestre, Madrid. p. 355. OCLC 5723566.
[7] Como afirmó Mosem Diego de Valera en el Siglo XV: “El Rey puede fazer cavalleros mas non fidalgos”. El monarca puede dar el oficio de caballero, pero no la nobleza de sangre.
[8] Partida Segunda, Ley XII, Título XXI.
[9] El romance tradicional castellano de La Jura de Santa Gadea, histórico o no, ilustra la actitud desafiante que la sociedad espera de un noble (en este caso, representado en la figura arquetípica de El Cid), hacia un Rey o gobernante que él considera indigno.
“20 --Muy mal me conjuras, Cid,        Cid, muy mal me has conjurado; 
     mas hoy me tomas la jura,              mañana me besarás la mano.-- 
22   --Por besar mano de rey               no me tengo por honrado; 
     porque la besó mi padre                 me tengo por afrentado. 
24   --Vete de mis tierras, Cid,             mal caballero probado, 
     y no vengas más a ellas                   dende este día en un año.-- 
26   --Pláceme--, dijo el buen Cid,        --pláceme--, dijo, --de grado, 
     por ser la primera cosa,                 que mandas en tu reinado. 
28   Tú me destierras por uno,             yo me destierro por cuatro.”
[10] La familia Curie ha sido galardonada con 5 premios Nobel. En contraste, España sólo ha obtenido 6 Premios Nobel, 5 de ellos en Letras (no podemos contar a Severo Ochoa, pues ganó el Premio Nobel de Medicina en 1959 para Estados Unidos). Con esto queremos ilustrar el hecho de que una única familia (los Curie) puede tener tanto impacto como todo un país (España) en un área tan fundamental como es el conocimiento y progreso científico.
[11] Séneca escribió en su Epístola XLI: “Es ilusorio rogar a Dios por autoconocimiento cuando puedes alcanzarlo por tus propios medios […] Dios está cerca de ti, está contigo, está dentro de ti. Sí, Lucilius, reside dentro de nosotros un espíritu divino, que nos observa cuando obramos mal y cuando hacemos el bien. Tal como le tratamos, así nos trata Él. Nadie, de hecho, es bueno sin Dios […] Él es quien nos empuja a cometidos nobles y elevados. En toda y cada buena persona habita Dios”.

jueves, 18 de agosto de 2011

La Casa Grande de Lamela y su Ramas




6.5.            La Casa Grande de Lamela, Solar de los Linajes López de Prado
La Casa Grande de Lamela es el solar más antiguo que se conoce de los linajes apellidados López de Prado, como se desprende de las Reales Provisiones de Hidalguía obtenidas en la Real Chancillería de Valladolid[1]:
·         López de Prado, José. San Salvador de Ansemar, jurisdicción de Castro de Rey (Lugo). 1728.
·         López de Prado, Pedro Antonio. Lugo y San Salvador de Ansemar. Jurisdicción de Castro de Rey (Lugo). 1728.
·         López de Prado, Andrés. Administrador de Correos de Aranda de Duero. Aranda de Duero (Burgos), 1774.
·         López de Prado Noguerol y Quiroga, Bernardo. San Esteban do Mato y San Vicente, jurisdicción de Moreda (Lugo). 1785.
·         López de Prado Noguerol y Quiroga, Francisco. San Esteban do Mato y San Vicente, jurisdicción de Moreda (Lugo). 1785.
·         López de Prado Noguerol y Quiroga, Miguel. San Esteban do Mato y San Vicente. Jurisdicción de Moreda (Lugo). 1785.
·         López de Prado Noguerol y Quiroga, Pedro. San Esteban do Mato y San Vicente. Jurisdicción de Moreda (Lugo). 1785.
·         López de Prado, Diego. San Pedro de Moman, jurisdicción de Castro de Rey (Lugo), 1789.
·         López de Prado y Sagastizábal, Fabián. La Coruña, 1797.
·         López de Prado Noguerol y Quiroga, José, Monforte de Lemos (Lugo). 1801.

De la lectura de los expedientes y la información de los libros sacramentales de San Christóbal de Martín se desprende la siguiente genealogía para las tres ramas que se derivaron de la Casa Grande de Lamela.

Don Gabriel López de Prado y Doña Bárbara López de Somoza y Goyanes tuvieron entre otros a:
·         Don Francisco: Nació el 7 de Octubre de 1593, tomo I, página 99. Padrinos: Don Antonio González, sobrino del Bachiller Don Juan González, cura que lo bautizó, y Doña Catalina de Vega. Que sigue la línea de la Casa Grande de Lamela.
·         Don Andrés: Nació el 6 de Mayo de 1599, tomo I, página 115. Padrinos: Álvaro López y María Fernández.

Don Andrés López de Prado y López de Somoza contrajo matrimonio con Doña María Hernández, el 12 de Marzo de 1625 en San Christobal de Martín. El matrimonio se estableció en San Juan de Silva, posiblemente localidad de donde era natural Doña María Hernández. T.P.H.A.:
·         Francisco López de Prado y Hernández: Nació en San Juan de Silva el 29 de Enero de 1627. Padrinos: El capitán Isidro Díaz y su hija Inés. Folio 4 del libro de Bautizados y Confirmados de San Juan de Silva. Rama 1.
·         Juan López de Prado y Hernández: Nació en San Juan de Silva el 23 de Abril de 1638. Padrinos: Antonio da Veiga y su mujer, feligreses de San Juan de Silva. Folio 13 del libro de Bautizados y Confirmados de San Juan de Silva. Rama 2.

6.5.1.      Rama 1º
Don Francisco contrajo matrimonio con Doña María Ana López de Quiroga, trasladándose a San Pedro de Hermunde. T.P.H.A.:
·         Pedro López de Prado: Nació en San Pedro de Hermunde y fue bautizado el 20 de Diciembre de 1659. Rama 1ºa.
·         Francisco López de Prado: Nació en 1665 en San Pedro de Hermunde. Rama 1ºb.

Rama 1ºa.
Don Pedro López de Prado, Juez y Justicia Ordinaria del Coto de San Juan de Silva, contrajo matrimonio con Doña Isabel de Obarrio, trasladándose a San Juan de Silva. T.P.H.A.:
·         José Gabriel: Bautizado el 24 de Marzo de 1692. Inicia el juicio de hidalguía el 3 de Abril de 1726, obteniendo Real Provisión de Hidalguía de un mismo acuerdo el 12 Octubre de 1728.
·         Pedro Antonio: Bautizado el 21 de Abril de 1695.
·         Miguel López de Prado: Bautizado el 29 de Marzo de 1708. Ejerció de Juez y Justicia Ordinaria del Coto San Juan de Silva. Contrajo matrimonio con Doña Tomasa Pardo Polín, hija de Don Fernando Pérez Teijeiro y Doña Josepha Pardo Polín. T.P.H.A.: Don Diego López de Prado, bautizado en San Juan de Silva el 10 de Junio de 1756. Inicia juicio de Hidalguía de 7 Marzo de 1788 y obtiene Real Provisión de un mismo acuerdo el 12 Enero de 1792.

Rama 1ºb.
Don Francisco López de Prado y López de Quiroga contrajo matrimonio con Doña Isabel Vázquez el 3 de Marzo de 1689 en San Esteban do Mato. T.P.H.A.:
·         José López de Prado: Bautizado el 11 de Diciembre de 1689 en San Esteban do Mato. Contrajo matrimonio con Doña Ana de Quiroga. T.P.H.A. Don Bernardo, bautizado el 26 Julio de 1722 y a Don Francisco Javier, bautizado el 15 Mayo de 1736. Inician juicio de Hidalguía el 17 de Noviembre de 1785 y obtienen Real Provisión de Hidalguía de un mismo acuerdo el 1 de Abril de 1786. Don Bernardo contrajo Matrimonio con Isabel Pérez, hija de Don Juan de Ulloa y Doña Inés Pérez. T.P.H.A. Don Pedro López de Prado Noguerol y Quiroga, que nació en San Esteban de Mato el 1 de Agosto del 1754. Inicia juicio de Hidalguía el 17 de Noviembre de 1785 y obtienen Real Provisión de Hidalguía de un mismo acuerdo el 1 de Abril de 1786.
·         Fernando López de Prado: Bautizado el 3 de Julio de 1692 en San Esteban do Mato. Contrajo matrimonio con Doña Dominga Pérez, hija de Juan de Regulfe y de Juana Pérez. T.P.H.A.: Don Miguel López de Prado, que inició juicio de Hidalguía el 17 de Noviembre de 1785 y obtuvo Real Provisión de Hidalguía de un mismo acuerdo el 1 de Abril de 1786.
·         Francisco López de Prado: Bautizado el 3 de Diciembre de 1702 en San Esteban do Mato.

6.5.2.      Rama 2º
Don Juan López de Prado y Hernández contrajo matrimonio con Doña María Hernández. T.P.H.A.:
·         Don José López de Prado: Bautizado en Medina de Rioseco el 29 de Junio de 1629. Contrajo matrimonio con Doña María Sequera el 26 de Septiembre de 1691, hija de Don Francisco Sequera e Isabel de la Vega. T.P.H.A. Don Manuel López de Prado, que sigue la línea.

Don Manuel López de Prado, bautizado el 21 de Diciembre de 1712 en Medina de Rioseco, contrajo matrimonio con Doña Antonia de Sagastizábal el 24 de Febrero de 1737, hija de Don Pedro Ignacio Sagastizábal y Doña Melchora de la Costa. Consta en la Real Provisión de Hidalguía de Don Fabián que era Comandante de un Escuadrón del Regimiento de Algarve y Procurador Síndico General de Medina de Rioseco. T.P.H.A.:
·         Don Andrés López de Prado y Sagastizábal: Bautizado el 17 Marzo de 1752. Brigadier de Caballería, Director del Seminario de Nobles de Madrid, Caballero Gran Cruz Pensionada de la Distinguida Orden de Carlos III.
·         Don Fabián López de Prado y Sagastizábal: Bautizado el 25 de Enero de 1756. Armador, Síndico del Puerto de la Coruña. Inició juicio de Hidalguía el 12 de Julio de 1798, obtuvo Real Provisión de Hidalguía de un mismo acuerdo el 28 de Noviembre de 1799.
·         Don Manuel López de Prado y Sagastizábal. Licenciado en Derecho, Abogado de la Real Chancillería de Valladolid.

6.5.3.      La Rama de Castelo[2]
En torno al año 1700 existió una familia hidalga apellidada López de Prado natural de Guntín (Lugo). Era poseedora de la Casa de O Salvador de Castelo (llamada también de Corneas). Situada en las inmediaciones del templo parroquial, esta antigua casa pregona en su blasón la grandeza de sus moradores. Los hidalgos de esta casa fundaron la capellanía de la Virgen del Rosario, inclusa en la misma parroquial, la cual dotaron con bienes radicados en la parroquia de Santa Marta de Fixós ayuntamiento de Lugo. Desconocemos el origen de esta rama, aunque la similitud de los nombres y apellidos empleados, así como la proximidad geográfica, sugieren un lazo de parentesco.

1.      Don Domingo López de Prado (el Viejo), T.P.H.A.:
2.      Don Domingo López de Prado, T.P.H.A.:
a.          Don Joaquín de Prado y Gayoso, Q.S.L.L.
b.         Don Ramón de Prado y Gayoso. Fallecido en 1753.
3.      Don Joaquín de Prado y Gayoso. Falleció el 9 de Febrero de 1733, testando ante Domingo Antonio da Vila, escribano de Lugo. Casó con D.ª María Jacinta. Tuvieron por hijos a
a.          Don Domingo Antonio de Prado y Gayoso, Q.S.L.L.
b.         Don Froilán de Prado y Gayoso. Cura de la parroquia de Coeses, Ayuntamiento de Lugo.
c.          Don Gregorio de Prado y Gayoso.
d.         Doña Juana de Gayoso.
e.          Doña Catalina de Gayoso.
4.      Don Domingo Antonio de Prado y Gayoso. Fue enterrado en la capilla familiar de Nuestra Señora del Rosario, inclusa en esta parroquial el día 7 de Noviembre de 1777. Testó en 1776 ante Antonio Arias. Casó con Doña Teresa de Bolaño y Seixas. Tuvieron por hijos a:
a.          Don Froilán de Prado y Gayoso Bolaño, Q.S.L.L.
b.         Don Pedro de Prado y Gayoso. Fallecido el 3 de junio de 1810. Capellán de Santo Domingo y Ángel de la guarda.
5.      Don Froilán de Prado y Gayoso Bolaño. Falleció el 6 de Octubre de 1782, siendo enterrado en la capilla familiar de San Bartolomé y Nuestra Señora del Rosario. Casó con D.ª María de Neira y Montenegro. Tuvieron por hijos a:
a.          Don Francisco de Prado y Gayoso. Falleció el 25 de Diciembre de 1844, siendo enterrado en la capilla de S. ERamón. Testó ante Benito Díaz Teixeiro. Tras su fallecimiento los bienes de Castelo fueron a parar a la casa de Corneas. Casó con D.ª María Leonora Ribera.
b.         Doña Teresa de Prado y Neira. Casó con D. Juan Mª Teixeiro y Montenegro. Hijo de D. Juan Teixeiro y de Dª María Juana de Quiroga, dueños de la casa de Corneas en Santiago de Meda.


[1] Basanta de La Riva, Alfredo (1956): "Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid. Catálogo de todos sus pleitos, expedientes y probanzas". 4 volúmenes, 2ª edición, Ediciones Hidalguía. Voz: López de Prado.
[2] Agradecemos al genealogista Lucense Don Xosé Manuel Abel esta información.

viernes, 29 de julio de 2011

Segunda Edición del Memorial de la Casa de Lemavia

El Vínculo de Lemavia ha publicado la segunda edición del Memorial de la Casa de Lemavia. El libro estudia  en sus 490 páginas la genealogía del linaje desde sus orígenes en don Martín Díaz de Prado hasta la actualidad, más de 800 años de historia y Tradición. 

"¿Qué es entonces la nobleza?. Filosóficamente, un noble es una persona que se conoce a sí misma. Nobleza es el resultado de un conocimiento filosófico introspectivo, cuyas consecuencias en el plano existencial se plasman en un modo de vida que el público identifica como sublime modelo para generaciónes venidereas".

"En estas páginas ofrecemos una visón del Mundo diferente a la actualmente imperante. Una visión que vertebró a la sociedad Española durante más de un milenio, dando consistencia y coherencia a nuestra historia. Un modo de entender la vida que fue reemplazado por el materialismo, la incredulidad y el nihilismo en el Siglo XIX".

" Esta desvertebración de la sociedad Española no fue carente de consecuencias, como lo demuestra el hecho que España es el único país Europeo que ha padecido, en menos de dos siglos: 4 guerras civiles, 2 repúblicas, 2 dictaduras, 2 restauraciones, múltiples intentos separatistas, asesinatos políticos, alzamientos, etc. En comparación con las sociedades de otros países, la Española parece desorganizada, traumatizada y en constante crisis de indentidad".

"Los principios vitales clásicos de la Civilización Occidental fueron brutalmente atacados durante los siglos XIX y XX. El materialismo dialéctico destruyó la idea de familia y dejó al individuo indefenso ante la divinidad emergente: El Estado. Si bien los individuos siguen conviviendo en familias (con la posible excepción de algunos regímenes socialistas), esta convivencia es puramente física. La idea de familia como Ente espiritual y educacional ha sido desmantelada a favor del Estado "benefactor" y paternalista.".

"Es por este motivo que consideramos que tiene sentido escribir Memoriales en el Siglo XXI. Nada menos que nuestra libertad y la de nuestros hijos está en juego".




Los interesado en adquirir el libro pueden solicitarlo a través del correo: VinculoDeLemavia@gmail.com en la web: http:// www.lemavia.info

Si desean leer algunos fragmentos pueden hacerlo en google books.

Memorial de la Casa de Lemavia


miércoles, 16 de febrero de 2011

Las vías iniciáticas occidentales en la obra de Rene Guenon


Preámbulo

Rene Guenon ha pasado a la historia como uno de los más importantes pensadores tradicionales del siglo XX. Sus escritos han influido en el público interesado en las instituciones iniciáticas y el saber esotérico, generándose grupos guenonianos en muchos países. En cambio, sus doctrinas han tenido escasa aceptación en los círculos académicos. Partiendo de la complejidad del pensamiento guenoniamo, “metafísica” y la imposibilidad según sus propias palabras de ser sistematizado, nos interesa analizar desde una perspectiva tradicional y cristiana los siguientes puntos centrales de su pensamiento:

1º. La pérdida de la naturaleza iniciática de los sacramentos cristianos, acontecida según Guenón en el concilio de Nicea.

2º. Para Guenon en Occidente solo la masonería y compañerazgo conservan una naturaleza esotérica e iniciática, aunque ambas instituciones están sumidas en una profunda degeneración.

3º. ¿Por qué niega a las ordenes sacerdotales y caballerescas occidentales su dimensión iniciática?. Entendemos que una Orden es Iniciática cuando constituye una vía de realización espiritual para sus adherentes, cuya finalidad última es la iluminación, la unión íntima y perfecta con Dios.

Sin duda, Rene Guenon ha sido un pionero en el estudio de vía iniciática, aclarando los términos y estableciendo diferencias y analogías entre el conocimiento profano y el metafísico. Sus aciertos no deben obscurecerse por su prejuicio sobre occidente y el cristianismo. Es sabido que Rene Guenon fue educado en la religión católica y en su juventud sintió una profunda inclinación hacia las matemáticas que le llevó a iniciar los estudios en la facultad de ciencias exactas, pero por motivos poco claros (se justifica por problemas de salud) abandonó la carrera en su segundo año. En este periodo de su vida, que tuvo que ser de una profunda crisis personal, Rene Guenon ingresa en varias Ordenes Iniciáticas (Masonería, Iglesia Gnóstica, iniciación Taoísta, Hermetismo de Papus, Orden del Templo etc.) en las que permanece poco tiempo hasta que encuentra en el islam su camino de realización, renegando de su fe católica y de occidente para convertirse en musulmán sufí. Sin entrar en cuestiones de naturaleza psicológica, ¿qué puede justificar su oposición a la cultura y civilización occidentales, calificándolas de “degeneradas” y “antitradicionales”?. Creemos que aquí reside uno de los puntos más débiles del pensamiento guenoniano, la civilización occidental está animada por un “espíritu” degenerado que pervierte a la humanidad, en cambió, Oriente representa una especie de “edad de oro”. Desde nuestra perspectiva, la civilización y el hombre occidentales están en crisis, pero esta crisis también afecta a la India, al mundo islámico y a toda la humanidad. La Tradición Occidental no es ni inferior a la Oriental, como prejuzga Guenon. Como buen orientalista intenta explicar Occidente desde categorías orientales (hindúes casi siempre) pero estas categorías las utiliza aplicando una lógica occidental (resabios de su formación matemática y filosófica inconclusa). No es nuestro objetivo, entrar en una reflexión en profundidad sobre el pensamiento guenoniano, simplemente exponer que vemos en su pensamiento un profundo prejuicio hacia occidente (¿odio, rencor?). Como muestra, cuando expone Guenon los tres tipos de iniciaciones en función de las clases (castas): sacerdotal (brahmanes), guerrera (kshatriyas), artesanal (vaishyas), afirma sin pudor, que en Occidente solo se conserva la iniciación del grado inferior, la propia de los gremios de artesanos (vaishyas) cuya naturaleza es esencialmente Karma-mârga. ¿Cómo llega a esta conclusión?, en nuestro parecer su argumentación (expuesta en el Capítulo XVIII, “Las Tres Vías y las Formas Inciáticas”) es inexistente, es un a priori que hay que asumir sin reservas. Según Rene Guenon:

“incluso ya en la Edad Media, no se encuentran indicios bien claros de la existencia de formas iniciáticas propiamente jnânicas (características de los brahamanes), que habrían debido corresponder normalmente a una iniciación sacerdotal; eso llega a tal punto que incluso las organizaciones iniciáticas, que estaban entonces en conexión más especial con algunas órdenes religiosas, por eso no tenían menos un carácter bháktico (característico de los guerreros). Por el contrario, se encuentra en aquella época, por una parte, la iniciación caballeresca, cuyo carácter es dominantemente bháktico, y, por otra parte, las iniciaciones artesanales, que eran kármicas, en el sentido más estricto, puesto que estaban basadas esencialmente sobre el ejercicio de un oficio”.

Continua afirmando unas líneas más abajo:

“Más tarde, las formas bhákticas mismas desaparecieron, y las únicas iniciaciones que subsisten todavía actualmente en occidente son iniciaciones de oficio o lo han sido en el origen; incluso allí, donde, a consecuencia de unas circunstancias particulares, la práctica del oficio ya no se requiere como condición necesaria, no puede considerarse una disminución, cuando no una verdadera degeneración, eso no cambia nada evidentemente en cuanto a su carácter esencial”.

Según lo expuesto, en Occidente existieron iniciaciones sacerdotales, caballerescas y artesanales, pero las dos primeras desaparecieron, no está clara la causa y solo se conserva esta condición en la masonería, aunque de manera degenerada. Nuestra pregunta es clara, ¿Por qué la masonería conserva en su ritos la influencia espiritual propia de la iniciación, aunque sea virtualmente y no la conservan las Ordenes Sacerdotales y Caballerescas, siendo la masonería la menos tradicional, al haber aceptado los principios de la revolución francesa?. Es más, según Rene Guenon, las Organizaciones Iniciáticas, difícilmente pierden su condición, solo cuando su desviación es profunda se transforman en virtuales, pero conservan la capacidad de transmitir la influencia espiritual y vincular a sus miembros con la Tradición Primordial si estos poseen la cualificaciones requerida.

Sin embargo, de hecho, puede ocurrir que la cosa no sea siempre así, aunque no fuera más que a consecuencia de una cierta degeneración que haga posible el alejamiento de los orígenes, y que puede llegar hasta el punto de que, como lo decíamos precedentemente, una organización llegue a no comprender más que lo que hemos llamado iniciados «virtuales», iniciados que, no obstante, continúan transmitiendo, incluso si no se dan cuenta de ello, la influencia espiritual de lo que esa organización es depositaria. El vinculamiento subsiste entonces, a pesar de todo, por eso mismo de que la transmisión no ha sido interrumpida, y eso basta para que alguno de aquellos que hayan recibido la influencia espiritual en tales condiciones pueda volver a tomar siempre consciencia de ella si tiene en él las posibilidades requeridas (Apercepciones sobre la Iniciación, Capítulo X: de los Centros Iniciáticos”)

Por este motivo, no entendemos como Rene Guenon, niega la naturaleza iniciática a los sacramentos cristianos y a las órdenes sacerdotales y caballerescas occidentales, entrando en contradicción con sus propios postulados. A pesar de la complejidad de la cuestión, creemos que hay suficientes indicios para cuestionarse las tres afirmaciones guenonianas expuestas. La cuestión es de suma importancia para nosotros, pues siguiendo el racionamiento guenoniano hasta sus últimas conclusiones, a un occidental que sienta la llamada a la vida iniciática, solo le quedaría la vía masónica (fuertemente degenerada y mutilada) o convertirse a una tradición oriental (sufismo, vedanta, budismo, etc.). Quedaría vedada para los occidentales (independientemente de su naturaleza espiritual) la liberación, pudiendo únicamente seguir el camino de la salvación.

“En las condiciones presentes de la humanidad terrestre, es evidente que la gran mayoría de los hombres no son capaces de ninguna manera de rebasar los límites de la condición individual, ya sea durante el curso de su vida, ya sea al salir de este mundo por la muerte corporal, que en sí misma no podría cambiar nada en el nivel espiritual en el que se encuentran en el momento en que sobreviene. Desde que la cosa es así, el exoterismo, entendido en su acepción más amplia, es decir, la parte de toda tradición que se dirige indistintamente a todos, no puede proponerles más que una finalidad de orden puramente individual, puesto que toda otra sería enteramente inaccesible para la mayor parte de los adherentes de esa tradición, y es precisamente esta finalidad la que constituye la salvación. No hay que decir que hay mucho trecho desde ahí a la realización efectiva de un estado supraindividual, aunque todavía condicionado, sin hablar siquiera de la Liberación, que, siendo la obtención del estado supremo e incondicionado, ya no tiene verdaderamente ninguna medida común con un estado condicionado cualquiera que sea (Iniciación y Realización, Capítulo VIII: Salvación y Liberación)”.

Es más, se da la paradoja que personas con las condiciones espirituales requeridas para alcanzar una profunda realización espiritual en su Tradición, si esta ya no conserva ordenes iniciáticas aptas, la conversión en raros casos sería una vía adecuada. Condenando a estas personas capaces de vivir una vida espiritual plena a seguir formas puramente devocionales (bhákti).

“Aunque pueda haber sin duda alguna vez conversiones más o menos espontáneas, al menos en apariencia, lo más habitualmente son una consecuencia del «proselitismo» religioso, y no hay que decir que todas las objeciones que pueden formularse contra el valor de ésta se aplican igualmente a sus resultados; en suma, el «convertidor» y el «convertido» hacen prueba de una misma incomprensión del sentido profundo de sus tradiciones, y sus actitudes respectivas muestran muy manifiestamente que su horizonte intelectual está parecidamente limitado al punto de vista del exoterismo más exclusivo. Incluso al margen de esta razón de principio, debemos decir que, por otros motivos también, apreciamos bastante poco a los «convertidos» en general, en punto alguno, bien entendido, porque se deba poner a priori en duda su sinceridad (y no queremos considerar aquí el caso, no obstante muy frecuente de hecho, de aquellos que no han cambiado sino por algún bajo interés material o sentimental, y que uno podría llamar más bien «pseudo-convertidos»), sino primeramente porque hacen prueba como mínimo de una inestabilidad mental más bien penosa, y después porque tienen casi siempre una tendencia a hacer muestra del «sectarismo» más estrecho y más exagerado, ya sea por un efecto de su temperamento mismo, que lleva a algunos de entre ellos a pasar de un extremo a otro con una desconcertante facilidad, ya sea simplemente para desviar las sospechas de que temen ser objeto en su nuevo medio. En el fondo, puede decirse que los «convertidos» son poco interesantes, al menos para aquellos que consideran las cosas al margen de todo motivo de exclusivismo exotérico, y que, por lo demás, no tienen ningún gusto por el estudio de algunas «curiosidades» psicológicas; y, por nuestra parte, queremos más, ciertamente, no verlos demasiado cerca. Iniciación y Realización: Capítulo XII: a Propósito de las Conversiones, páginas 66-67”.

Para Rene Guenon la conversión de una persona a otra forma tradicional esta desaconsejada, y si se produce está motivada por un proselitismo religioso, una curiosidad insana o una inestabilidad psíquica. En el caso de las personas que cambian de forma tradicional para acomodarse a otra que les brinde las vías iniciáticas adecuadas (orientales), pues las occidentales son incompletas en su dimensión esotérica.

“Si ahora uno se preguntara por qué existen tales casos, responderíamos que eso se debe sobre todo a las condiciones de la época actual, en la cual, por una parte, algunas tradiciones, de hecho, han devenido incompletas «por arriba», es decir, en cuanto a su lado esotérico, lado que sus representantes «oficiales» llegan a veces incluso a negar más o menos formalmente, y, por otra parte, ocurre muy frecuentemente que un ser nace en un medio que no es el que le conviene realmente y el que puede permitir a sus posibilidades desarrollarse de una manera normal, sobre todo en el orden intelectual y espiritual; es ciertamente deplorable bajo más de un aspecto que la cosa sea así, pero son inconvenientes inevitables en la presente fase del Kali-Yuga : Capítulo XII: a Propósito de las Conversiones, páginas 68”.

En nuestra opinión, la supuesta superioridad espiritual Oriental debe ponerse en suspenso, pues nuestra tradición Occidental ha dado a luz hombres virtuosos (y santos) en todos sus estamentos. No es momento de entrar en comparaciones (siempre desafortunadas), pero personas como San Isidro (agricultor), San Francisco de Asís (comerciante/caballero), San Fernando (rey), San Agustín (sacerdote) alcanzaron una realización plena en todas las facetas de la condición humana, siguiendo las vías propias de sus estamentos dentro de la fe Católica y en la más pura tradición Occidental.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Etimología de Lemavia

Estudio de la Etimología de Toponimo Lemavia


La raíz lema/lama proviene del celta, que significaba lugar húmedo o encharcado, justificado en el topónimo Monforte de Lemos, por el lodo o la lama generada por el río Cabe, que a su paso por la ciudad luguesa presenta un curso tranquilo y lento, adecuado para la formación de lodos. Abundando en esta interpretación tenemos el topónimo Lema, parroquia del ayuntamiento de Carballo, provincia de la Coruña, situada al margen de la laguna del mismo nombre, Lema, donde la tradición popular guarda el mito de la ciudad oculta por las aguas. En la parroquia de Santa Mariña de Lemaio[1], donde abundan las lamas y barros. En la provincia de Pontevedra tenemos el topónimo de Campo Lameiro, donde una vez mas el topónimo concuerda con la presencia de lodos. Así, en Galicia, topónimos como Lamela, Lamego, Lameira y Lamedal, se refieren a lugares encharcados y con abundante lodo o lama.

En un documento fechado en el año 914 se cita el lugar de “Lamas cuartas[2]” y en otro de 949 se habla de la villa de Lameira[3], demostrándose la antigüedad del topónimo.

De la misma raiz celta procede el topónimo Limia, ciudad que hasta épocas recientes se encontraba rodeada por la laguna Antela y el río del mismo nombre al que Strabon llamo lethes II,3,4, por la creencia asociada con la perdida de la memoria para aquellos que osasen cruzar sus aguas. La leyenda nos dice que fue el cónsul Junio Décimo Bruto, el Galaico, el primer romano en atravesar sus aguas y desde la otra orilla comenzó a llamar a sus leginoarios. El antiguo topónimo de Limia era Limodre[4], cuyos habitantes formaban la tribu de los Limici/ Lemica, que Holder relaciona con la voz celtita limos/lemos que corresponde por su forma y significación al termino latino ulmus, olmo.

Entre las valientes tribus galas que se opusieron a Julio Cesar, destacaron los Lemovices conducidos por su caudillo, Sedulo, lucharon en Alessia. El numero de los guerreros que acudieron, 10000, por si solo nos habla de la importancia de esta tribu. Establecidos en Lemosín y Poitou entre el 700 y el 400 a. C. Su capital era Durotincum (Villejoubert) y en la época de la ocupación romana, era Augustoritum (Limoges). Los lemovices dieron su nombre a Limoges y al Lemosín. El étnico[5] lemavi debió ser esdrújulo a juzgar por el moderno acento de Lemos, proveniente del acusativo y por el galo Lemovices, con e breve, de igual tema

Los Lemavos eran una importante tribu dentro de la confederación de los lucenses, son citados entre otros por Plinio[6] y Ptolomeo[7] entre los pueblos celtas de Galaecia. Su capital era el Castro Dactonium, situado según los arqueólogos en el actual convento de San Vicente de Pino. Los lemavos recibieron la nacionalidad romana en tiempos de Vespasiano o con anterioridad, como consta en los diplomas otorgados a la Cohors I Lemavorum civium Romanorum[8]. Los diplomas conservados son de las fechas 88, 109, 114-117, 122, 129-132, 131, 133-134, 156-157, 151-160, 161 y 180-190. La Cohorte lucho en Mauritania Tingitana, estando su principal cuartel en Sala, actual Marruecos y entro en batalla bajo el mando de los emperadores Antonio Pío, Marco Aurelio y siendo destruida en tiempos de Cómodo.

Los topónimos Lamela y Lemavia, por lo expuesto vienen a significar lo mismo, tierra encharcada o con lamas. El primero con una etimología latina y el segundo celta, ambos descendentes de la antigua raíz indoeuropea lem/.

Con este breve estudio creemos poder presentar suficiente pruebas sobre la procedencia celta del los topónimo Lemavia y su vinculación con el latino Lamela.


[1] Fernando Cabeza Quiles, Os Nomes de Lugar. Ed. Xerais, 1992, Vigo, ISBN: 84-7507-688-2. Páginas 239-240.
[2] A López Ferreiro, Historia de la Santa A.M.I. Catedral de Santiago, 1898. Apéndice Documental II Página 135.
[3] A. López Ferreiro, Historia de la Santa A.M.I. Catedral de Santiago, 1898. Apéndice Documental II Pagina 78.
[4] A. Moraleja Lasso, Toponimia Gallega y Leonesa, Editorial Pico Sacro, Santiago de Compostela, 1977, pagina 67. ISBN: 84-85170-20-2
[5] A. Moraleja Lasso, Toponimia Gallega y Leonesa, Editorial Pico Sacro, Santiago de Compostela, 1977, pagina 321. ISBN: 84-85170-20-2
[6] Plinio, Naturalis Historia, IV, 112
[7] Ptolomeo, Geographia, II, 6, 25
[8] Roldán Hervás, J.M. (1974): “Hispania y el ejército romano. Contribución a la historia social de la España Antigua”, Ed. Universidad de Salamanca. ISBN 978-84-600-6015-4.

martes, 16 de junio de 2009

Los Señores de Albires y sus descendientes según la Enciclopedia de Genealogía y Heráldica Garcia Caraffa

Prado

Sobre el origen de este apellido, varios autores nos dicen, escueta y ambiguamente, que procede de un Rey de León. Otros amplían la noticia afirmando que el aludido Monarca fué don Fruela II. Otros tienen por más cierto que el progenitor de la familia Prado no era Rey, sino Infante de aquella monarquía.

Y otros acogen la leyenda de que por haber seducido ese Infante a una doncella, a la que encontró en un prado, decidieron apellidarse Prado sus descendientes.
Datos algo más concretos y de mayor autoridad por el prestigio de los hitoriadores que los recogieron en sus obras, nos descubren que el Rey don Fruela II tuvo fuera de matrimonio dos hijos, llamados Aznar Fruela y Nuño Fruela, y que de este último procede por varonía la familia Prado. Así lo expresan Rodrigo Méndez Silva, en su «Catálogo Real»; el Obispo de Orense, don Pedro Seguino, en su «Historia», y el Marqués de Montebelo en sus notas al «Nobiliario» del Conde don Pedro de Barcelós.

Pero lo remoto de los tiempos en que vivió el Infante leonés don Nuño Fruela nos oculta los nombres de sus descendientes, y han de pasar más de dos siglos hasta llegar a Martín Díaz Prado, primero de este apellido que aparece en antiguos documentos y Crónicas, y que floreció en el reinado del Rey de Castilla don Alfonso VII «el Emperador». ¿Era, en realidad, Martín Díaz Prado descendiente por línea de varón del Infante don Nuño Fruela? No hay más noticias que las ya apuntadas para llenar esa interrogación. Ninguna otra aportan los autores que tienen por progenitor de este linaje a don Nuño, pero sin comprobarlo con las sucesivas filiaciones de sus sucesores. Ni lo esclarecen los instrumentos en los que perdura la memoria de Martín Díaz Prado, ya que en ninguno de ellos se hace mención de su ascendencia real, como veremos más adelante.

Es obligado, por tanto, acoger con reservas testimonios que, aun avalados por la autoridad de notables historiadores, dejan sin llenar una laguna genealógica de dos siglos. Y también es prudente prescindir de leyendas que ninguna garantía ofrecen.
Lo históricamente comprobado aconseja poner por tronco principal de la famila Prado al caballero Martín Díaz de Prado, que floreció en los tiempos de don Alfonso VII «el Emperador», renunciando a descubrir su ascendencia por la absoluta carencia de datos que faciliten ese estudio. Así lo hacemos, refiriendo a continuación la genealogía conocida de sus descendientes directos, y sin cerrar la puerta a la posibilidad de que otras familias del mismo apellido no procedan de igual tronco, según cabe deducir de lo que más adelante se dirá.


CASA ASTURIANO-LEONESA DESCENDIENTE
DE MARTIN DIAZ DE PRADO


PRIMERA RAMA

I. Martín Díaz de Prado era ya ilustre y poderoso caballero cuando vino a reinar don Alfonso VII «el Emperador», y la primera noticia que de él se tiene alcanza al año 1115, en que asistió con otros próceres del reino al Concilio celebrado en Oviedo. Años más tarde, en 1148, le hizo donación dicho Monarca de la villa leonesa de Albires, cercana a la de Mayorga (ésta pertenece hoy al partido judicial de Villalón, en la provincia de Valladolid), y expidió privilegio a su favor consignando: «Por señalados servicios que me ha hecho Martín Díaz de Prado, le dono la villa de Alvires, junto a Mayorga, con todos sus servicios, derechos, etc.». La Crónica del mismo Rey, refiriéndose a esa donación, dice «que es una de las más antiguas y señaladas donaciones que tiene caballero en España». Y añade: «De esta familia ha habido muy señalados caballeros en el Reino de León, Galicia y Asturias, y de ella hay muchas casas solariegas». No se alude, como se ve, en el mencionado instrumento, al origen real del linaje Prado que varios autores aceptan, y en cambio descubre la citada Crónica que tuvo muchas casas solariegas en regiones distintas. Tampoco hay indicio de que el don Martín Díaz de Prado procediese de un Rey o de un Infante de León en otro privilegio que don Alfonso VII le otorgó donándole, en el año 1150, «la iglesia de Belerda, en territorio de Caso, junto al río Nalón, en Asturias, comprendiendo la villa de Tarna y el Concejo de Caso, en el hoy partido judicial de Labiana (Asturias). Hijo y sucesor de Martín Díaz de Prado fue
II. Diego Martínez de Prado, Señor de Albires y de Renedo de Valdetuejar, lugar que pertenece al partido judicial de Liaño (León). Por haber poblado su padre en el lugar de Ferreras, en la jurisdicción de Valdetuejar, heredó también dicho pueblo. Tuvo este hijo
III. Martín Díaz de Prado, segundo del nombre, Señor de Valdetuejar, Albires y Valverde, y padre de
IV. Rodrigo Martínez de Prado, Señor de esta casa, que procreó a
V. Diego Rodríguez de Prado, que floreció en el reinado de don Alfonso X «el Sabio». Fué Señor de Albires, Valverde y Valdetuejar. Le sucedió su hijo
VI. Rodrigo Díaz de Prado, que vivió cuando reinaba don Fernando IV. Fué Señor de esta casa y padre de
VII. Diego Rodríguez de Prado, que alcanzó los tiempos de don Alfonso XI, y procreó a
VIII. Diego Díaz de Prado, que heredó la casa y se unió en matrimonio con doña Isabel de Guzmán, naciendo de este enlace
IX. Martín Díaz de Prado, noveno Señor de Albires, Valdetuejar y Valverde, que tuvo por hijo y sucesor a
X. Diego Martínez de Prado, décimo Señor de esta casa. Vivió en el reinado de don Enrique II y fué padre de
XI. Rodrigo Díaz de Prado, undécimo Señor de esta casa. Casó con doña Violante de Almansa, que le llevó en dote el castillo de Santa Olalla, y procrearon a
XII. Martín Díaz de Prado, duodécimo Señor de esta casa, Vasallo del Rey y Merino Mayor del Valle y villa de Burón (León). Hizo testamento el 12 de Septiembre de 1418. Había casado con doña Inés Alvarez Osorio, que le llevó en dote las villas de Gordoncillo y Retuerta (hija de Alvar Pérez Osorio, Ricohombre y Señor de Villalobos, y de doña Mayor de Velasco). Tuvieron estos hijos:
1.º Ruy Díaz de Prado, que sigue.
2.º García de Prado, a cuyo favor fundó su padre mayorazgo con todas las rentas y derechos de la villa de Albires, como se verá en la segunda rama, y
3.º Fernando de Prado, a quien también su padre fundó mayorazgo con el lugar de Villabonillos (1).
XIII. Ruy Díaz de Prado, llamado en algunos documentos Rodrigo de Prado, sucedió en la casa como primogénito y fué decimotercero Señor de ella, Vasallo del Rey y Merino Mayor
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(1) En fines del siglo XV era Señor de ese lugar y mayorazgo
I. Diego de Prado, natural de Mansilla de las Mulas (León), que en su mujer, doña Ana María de la Serna, natural de Carrión de los Condes (Palencia) y Señora de la casa de la Serna, procreó a
II. Diego de Prado y Serna, natural de Villabonillos, Señor de este pueblo y de la casa de la Serna, que casó con doña Magdalena Sánchez San Román, natural de Palencia (hija de Martín Sánchez, natural de Medina de Ríoseco y Regidor de Palencia, y de doña Bernardina de San Román Bretonillo, natural de Palencia), naciendo de esa unión
III. Martín de Prado y Serna, natural de Sahagún (León) y Caballero de la Orden de Calatrava con fecha 18 de Noviembre de 1681.
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de las Montañas. En 1434 vendió las villas de Gordoncillo y Retuerta al segundo Conde de Benavente. Aún vivía en 1469. Casó con doña María de Vega, naciendo de este enlace
1.º Hernando de Prado, que sigue.
2.º Juan Núñez de Prado.
3.º Pedro Núñez de Prado, y
4.º María de Vega Prado.
XIV. Hernando de Prado heredó de su padre el señorío de la casa, Valdetuejar y otros lugares. En su mujer, doña María de Villalpando, tuvo a
XV. Cristóbal de Prado, Señor de esta casa, Valdetuejar, Renedo, Cerezal y otros lugares, que efectuó su enlace con doña Leonor Pimentel (hermana del primer Marqués de Tabara) y fueron padres de
XVI. Fernando de Prado Pimentel, Señor de esta casa y marido de doña Juana de Tovar Manrique (hija de Sancho Tovar, Señor de Tierra de la Reina, y de doña Elvira de Sandoval y Rojas). Les sucedió su hijo
XVII. Francisco de Prado Tovar, Señor de esta casa, natural, vecino v Alférez Mayor de Sahagún (León), que casó con doña Francisca Enríquez Orense, de la misma naturaleza, bisnieta de los primeros Condes de Alba de Liste, y procrearon a
XVIII. Fernando de Prado Enríquez, Señor de esta casa, natural de Sahagún. Gobernador de Aranjuez y Caballerizo Mayor de don Juan de Austria, que contrajo matrimonio con doña María Bravo Sarmiento, natural de Meneses de Campos, villa de la provincia de Palencia (hija de Francisco Bravo, natural de Meneses de Campos y Regidor de Valladolid, y de doña Damiana Sarmiento, natural de la villa de Villalón, en la provincia de Valladolid). Fueron padres de
1.º Fernando de Prado Bravo, que sigue, y
2.º Sancho de Prado Bravo, natural de Sahagún y residente en Indias, que se cruzó Caballero de la Orden de Santiago en el año 1631.
XIX. Fernando de Prado Bravo nació en Renedo de Valdetuejar, fué Señor de esta casa, Gentilhombre de Su Majestad, Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 24 de Julio de 1628, y primer Vizconde de Prado. Casó con doña Isabel Bravo de Acuña y tuvieron este hijo
XX. Fernando de Prado Bravo de Acuña, Señor de esta casa, vecino y Alférez Mayor de Sahagún, Capitán de una Compañía de Hombres de Armas de las Guardias, Gentilhombre de Su Majestad, Caballero de la Orden de Santiago y primer Marqués de Prado. Casó con doña Ana María Portocarrero y Luna (hija de Antonio Portocarrero y Luna y de doña Juana Mascareñas, Condesa de Ovedos), naciendo de esa unión
1.º Fernando de Prado Portocarrero, que sigue, y
2.º Juan de Prado Portocarrero, Brigadier de los Reales Ejércitos y Gobernador de Tarragona. Se unió en matrimonio, en Asturias, con doña Isabel María Dóriga Malleza y Quirós (hija de García de Dóriga y Malleza, Señor de ambas casas, y de doña María Teresa Bernaldo de Quirós), y fueron padres de
a) Fernando de Prado Malleza y Dóriga, Brigadier de los Reales Ejércitos en 1765, Corregidor de León y esposo de la Marquesa de Villel.
b) Juan de Prado Malleza, Capitán de Infantería del Regimiento de la Reina.
c) José, Alférez del Regimiento de Mallorca.
d), e) y f) Manuel, Teresa y Ana de Prado Malleza.
XXI. Fernando de Prado Portocarrero heredó la casa y fué segundo Marqués de Prado. Se unió en matrimonio con doña Angela Manuela Ronquillo Suelves y Luna (hija de Francisco Ronquillo Briceño, del Consejo de Castilla y Conde de Gramedo, y de doña Petronila Jiménez de Murillo Suelves y Luna). Procrearon a
1.º Ignacio Fernando de Prado Ronquillo, que sigue.
2.º Francisco de Prado Ronquillo, Sumiller de Cortina de Su Majestad.
3.º Micaela, casada con Juan Manuel de Acuña Vázquez, Marqués de Escalona.
4.º Mariana, mujer de Gaspar Francisco de la Vega y Dávila, Marqués de Revilla y de Aguilares y Alférez Mayor de ,Valladolid, y
5.º María Antonia de Prado Ronquillo.
XXII. Ignacio Fernando de Prado Ronquillo sucedió en la casa y estados de sus padres y fué Cadete de las Reales Guardias de Corps. Falleció sin sucesión en 1759, viniendo entonces a heredar la casa su sobrino Joaquín de Acuña y Prado, hijo de doña Micaela de Prado Ronquillo y de su marido Manuel de Acuña Vázquez, Marqués de Escalona, citados anteriormente.



SEGUNDA RAMA

I. García de Prado (hijo segundo de Martín Díaz de Prado y de doña Inés Alvarez Osorio, citados en el párrafo XII de la anterior rama), a favor del cual instituyó su padre mayorazgo con todas las rentas y derechos de la villa de Albires, casó con doña María de Comontes y tuvieron este hijo
II. Rodrigo de Prado Comontes, Señor de dicho mayorazgo, que contrajo matrimonio con doña Catalina de Quiñones y Sánchez de Garabito, naciendo de esta unión
1.º Francisco de Prado Quiñones, que sigue.
2.º Diego Núñez de Prado, con descendencia en Extremadura, y
3.º Catalina de Prado, que casó en Asturias con Gutierre Bernaldo de Quirós.
III. Francisco de Prado Quiñones, a quien llamaron «el Viejo», heredó el mayorazgo de Albires y casó dos veces: la primera con doña Juana Fernández de Espinosa, y la segunda con doña María Pimentel.
Del primer matrimonio nacieron:
1.º García de Prado Quiñones, que sigue, y
2.º Rodrigo de Prado Espinosa, que murió sin sucesión. Del segundo matrimonio fueron hijos:
3.º Gaspar de Prado Pimentel, marido de doña Beatriz de Joara y ambos padres de
a) Fernando de Prado Pimentel, casado con doña Ana de Espinosa, en quien tuvo a Gaspar de Prado Pimentel y Espinosa, fallecido sin sucesión.
b), c) Francisco y Juan, que tampoco dejaron descendencia.
d) Plácido, monje benito, y
e) Lorenzo, que casó en Sicilia y dejó allí dilatada descendencia, y
4.º Martín Díaz Prado, que efectuó su enlace con doña María de Mendoza, naciendo de esta unión
a) Francisco Prado Pimentel y Mendoza, marido de doña Ana de Pedroso. Hija única de estos esposos fue doña Ana de Prado Pimentel y Pedrosa, casada con Jerónimo González de Quevedo, Señor de Grajalejo.
IV. García de Prado Quiñones sucedió en el mayorazgo de Albires y casó con doña Ana de Cabrera, a quien hizo madre de
V. Francisco de Prado Quiñones y Cabrera, sucesor en el mayorazgo de Albires, marido de doña María Jufre y ambos padres de
VI. Francisco de Prado Quiñones y Jufre, que heredó el mayorazgo de Albires y contrajo matrimonio con doña Luisa Mogrovejo, siendo su hija y sucesora
VII. Ana de Prado y Mogrovejo, Señora del mayorazgo de Albires, que casó en Sahagún con Martín de Soto, cortándose aquí la varonía de esta rama poseedora de dicho mayorazgo.

OTRAS CASAS DE ESTE LINAJE

De este linaje, según refiere la Crónica del Rey don Alfonso VII «el Emperador», y quedó apuntado en anteriores páginas, hubo muchas casas solariegas no sólo en Asturias y León, sino también en Galicia, Montaña de Santander, la Rioja, ambas Castillas y Andalucía.



EN GALICIA


Muy principal fué la casa solariega de este apellido que estaba sita en la jurisdicción del Concejo de Friol, perteneciente al partido judicial y provincia de Lugo. A esa casa pertenecía en el último tercio del siglo XVII
I. Fernando Arias de Prado y Ulloa, natural y dueño de la casa de Prado en Friol, que casó con doña Leonor Prado, su prima, natural del lugar de Seijalbo, de la parroquia de Guldriz, en el Concejo de Friol, y fueron padres de
II. Francisco de Prado y Ulloa, natural y Señor de la casa de Prado en Friol, que contrajo matrimonio con doña María Montoto Andrade, natural de la parroquia de San Martín de Dorneda, del Concejo de Oleiros y partido judicial de La Coruña (hija de Pedro Montoto, natural de San Martín de Dorneda y Regidor de La Coruña, y de doña Constanza de Andrade, natural de la parroquia de Santa Marta, en Betanzos). Procrearon a
III. Antonio de Prado y Ulloa, natural de San Martín de Dorneda, Señor de la casa de Prado en Friol, que se cruzó Caballero de la Orden de Santiago en 1666.
De la misma familia fué
I. Andrés de Prado, natural del lugar y pazo de Buin, en la feligresía de San Julián do Campo, partido judicial de Chantada y provincia de Lugo, que en su mujer, doña María de Ulloa Gaitán de Ayala, natural de Madrid, tuvo a
1.º Juan Antonio de Prado y Ulloa, que sigue, y
2.º José de Prado y Ulloa, natural del lugar y pazo de Buin, que casó con doña Josefa de Losada, natural de la casa y torre de Villameá, en el partido judicial de Chantada, y tu vieron este hijo
a) José de Prado y Losada, natural del lugar y pazo de Buin y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 9 de Octubre de 1767.
II. Juan Antonio de Prado y Ulloa nació en la parroquia de San Martín de Vilelos, del Ayuntamiento de Saviñao, partido judicial de Monforte y provincia de Lugo, contrajo matrimonio con doña Antonia María de Araujo y Osorio, natural de Riobó, feligresía de San Miguel de Omo y provincia de Orense (hija de Baltasar de Araujo, natural de Riobó, y de doña Agueda Osorio, natural de la villa leonesa de Villafranca del Bierzo), naciendo de ese enlace
1.º Baltasar de Prado y Ulloa, natural del lugar y pazo de Buin, Teniente Coronel del Ejército, electo Gobernador de Villanueva de la Serena (Badajoz) y Caballero de la Orden de Alcántara con fecha 20 de Septiembre de 1747, y
2.º Roque de Prado y Ulloa, natural del lugar y pazo de Buin y Gentilhombre de Boca de Su Majestad. Ingresó en la Orden de Alcántara en la misma fecha que su hermano.
Descendiente de esta familia fué también Benito Prado Ulloa de Ugarte, a quien por Real despacho de 18 de Enero de 1830, se concedió el título de Barón de Casa Buin.

* * *

De otra rama de los Prado, de Galicia con casa-palacio en la parroquia de Hombreiro, del Ayuntamiento de Lugo, procedió José María de Prado Neyra y Pardo, a favor del cual se hizo asiento de despacho de los títulos de Vizconde de Parada y Marqués de San Martín de Hombreiro el 1 de Diciembre de 1817. En ese último título sucedió, por Real carta de 3 de Agosto de 1856, Benito Ediso Prado y Ozores. Y por otra Real carta de 22 de Junio de 1861, vino a suceder en el título de Marqués de San Martín de Hombreiros, doña Ramona Prado y Ozores.

* * *

Otra familia, apellidada López de Prado, tuvo casa en la parroquia de San Juan de Silva, del Ayuntamiento de Pol y partido judicial de Lugo. De esa casa dimanó una rama que pasó a radicar en la ciudad de Medina de Ríoseco, de la provincia de Valladolid (1).

EN SANTANDER

Dos familias de este apellido, muy principales, florecieron en la provincia de Santander.
La casa solariega de una de ellas estaba sita en el lugar de Meruelo, del partido judicial de Santoña, y ostentaba en su fachada y en un cubo de la cerca el escudo que más adelante describiremos.
La otra se levantaba en el Valle de Soba, del partido judicial de Ramales. Sus descendientes se apellidaron Sáinz de Prado, y de ella dicen los informantes en el expediente de pruebas de los Caballeros de la Orden de Alcántara don Pedro y don José Toribio Sáinz de Prado Rozas, lo siguiente: «Hallamos que la mayor parte de dicha casa está caída y que se reconoce, por las paredes que todavía permanecen en parte, haber sido grande y de mucho sitio y antigua y que denota haber sido casa principal, lo cual se confirma con que hacia la parte de abajo todavía permanecen las paredes de un torrencillo arrimado a la dicha casa con algunas troneras. Arrimada a las paredes de la dicha casa está hecha una casa pequeña habitación del casero que vive en ella, maneja y gobierna las heredades de ella, y por la parte de arriba, de esquina a esquina de dicha casa caída,
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(1) El progenitor de esa rama fué
I. Juan López de Prado, natural de San Juan de Silva (Lugo), que con su mujer, doña María Hernández de Villana, nacida en Asturias, se avecindó en Medina de Ríoseco. Procrearon a
II. José López de Prado, natural de Medina de Ríoseco, que casó con doña María Sequera, natural de la villa de Villanueva de los Caballeros, en la provincia de Valladolid (hija de Francisco Sequera y de doña Inés de la Vega, naturales de Villanueva de los Caballeros), naciendo de esa unión
III. Manuel López de Prado, natural de Medina de Ríoseco, que contrajo matrimonio con doña Antonia de Sagastizábal, de la misma naturaleza (hija de Pedro de Sagastizábal y de doña Ana María de Irún, naturales de la villa de Vergara, en Guipúzcoa). Fueron padres de
IV. Andrés López de Prado, natural de Medina de Ríoseco y Caballero de la Orden de Carlos III, en la que ingresó el 1 de Agosto de 1803.
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la cogen cuatro árboles grandes que, sin duda, son muy antiguos. A la puerta de esta casa estaba el escudo». Lo describiremos en su lugar.

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De la casa del lugar de Meruelo fué
I. Pedro del Prado, que en su mujer, doña Juana Solorga, tuvo a
II. Diego del Prado, natural de Meruelo, donde casó en 1624 con doña María Ortiz, de la misma naturaleza (hija de Sebastián Ortiz y de doña María Rocillo), y fueron padres de
III. Domingo del Prado Ortiz, nacido en Meruelo en 1634 y casado en 1653 con doña Catalina de Arnuero, de la misma naturaleza (hija de Francisco de Arnuero y de doña Catalina Muñoz de Solorga). Procrearon a
IV. Antonio del Prado y Arnuero, nacido en Meruelo en 1659, que contrajo matrimonio, en 1680, con doña Jacinta de Güemes, natural de Ajo, lugar del partido de Santoña (hija de Antonio de Güemes, natural del lugar de Güemes, junto al de Ajo, y vecino de ambos, y de doña María de la Sota, natural de Oruña, lugar del Valle de Piélagos). De aquella unión nació
V. José del Prado y Güemes, nacido en Meruelo en 1682 y Contador de Título de Su Majestad en el Tribunal de su Contaduría Mayor de Cuentas, que se cruzó Caballero de la Orden de Alcántara en 1737.

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A la casa del Valle de Soba perteneció
I. Hernán Sáinz de Prado, natural del lugar de Prado, del Ayuntamiento del Valle de Soba. Sin duda dieron nombre a ese lugar o tomaron el de éste por apellido. Parece más probable lo primero. Casó con doña María Escudero de Rozas, natural de la villa de Lanestosa, del partido de Valmaseda (Vizcaya), y tuvieron este hijo
II. Martín Sáinz de Prado y Rozas, nacido en Prado en 1603 y casado, en 1622, con doña Juana Fernández de la Cagiguera, natural del lugar de Herada, en el Valle de Soba, naciendo de este enlace
1.º Pedro Sáinz de Prado Rozas y Fernández de la Cagiguera, nacido en Herada en 1623 y Caballero de la Orden de Alcántara en 1662, y
2.º José Toribio, nacido en Herada en 1636, Primer Montero de Cámara de Su Majestad, Caballerizo y Maestre de Cámara del Patriarca de las Indias. Se cruzó Caballero de la Orden de Alcántara en 1669.

EN MADRID

En la villa y corte hizo su asiento otra familia Prado muy distinguida, de la que era descendiente en fines del siglo XVI
I. Francisco de Prado, natural y Regidor de Madrid, marido de doña Catalina de Peñalosa y Toledo, de la misma naturaleza, y ambos padres de
II. Lorenzo de Prado y Peñalosa, apellidado también de Prado y Mármol, natural de Madrid, que casó con doña María del Mármol, de igual naturaleza (hija de Lorenzo del Mármol y de doña Juana de Miranda, naturales de Madrid), y tuvieron este hijo
III. Andrés de Prado y Mármol, natural de Madrid y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 9 de Mayo de 1647. Contrajo matrimonio con doña Mariana Rodríguez de Baltodano, de la misma naturaleza (hija del Licenciado Benito Rodríguez Baltodano, natural de Fontiveros, Avila, Colegial del Mayor de la Universidad de Salamanca, del Consejo de Su Majestad en el Real de Indias y de la Santa Cruzada, y de doña Luisa del Aguila y Montoya, natural de Valladolid). Don Andrés y doña Mariana procrearon a
1.º Lorenzo Francisco de Prado y Mármol, que sigue, y
2.º Jerónimo de Prado y Baltodano, natural de Madrid y Caballero de la Orden de Santiago con fecha 16 de Julio de 1649.
IV. Lorenzo Francisco de Prado y Mármol nació en Madrid y fué Paje del Infante Cardenal, Caballero de la Orden de Santiago y Caballerizo del Rey. Casó dos veces: la primera con doña Leonor Docampo Benavides, de igual naturaleza (hija de Diego Docampo Benavides, natural de Zamora, y de doña Francisca Herrera, natural de Madrid), y la segunda vez con doña Clara Squarzafio y Centurión, natural de Madrid (hija de Vicencio Squarzafio y de doña Ana María Centurión, naturales de Génova).
Del primer matrimonio fué hijo
1.º Antonio José de Prado y Mármol, natural de Madrid, que se cruzó Caballero de la Orden de Calatrava en 1654.
Del segundo matrimonio nació
2.º Juan de Prado y Mármol, natural de Madrid y Caballero de la Orden de Alcántara en 1665. Obtuvo el título de Conde de Belmonte.

* * *

A la misma familia madrileña perteneció
I. Alonso de Prado, natural de Madrid, que en su mujer, doña Juana de Loaisa y Monzón, de igual naturaleza, tuvo a
II. Gaspar de Prado Loaisa, natural de Madrid, que casó con doña Isabel del Mármol y Figueroa, de la misma naturaleza (hija de Juan del Mármol y de doña Inés de Figueroa, naturales de Madrid), naciendo de esa unión
1.º Melchor de Prado y Mármol y Figueroa, que sigue, y
2.º El Capitán Agustín de Prado y Loaisa, natural de Madrid y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 8 de Enero de 1627.
III. Melchor de Prado y Mármol y Figueroa nació en Madrid y contrajo matrimonio con doña Agueda de Castilla, natural de Villarejo de Salvanés, pueblo de la provincia de Madrid (hija de Juan Fernández de Castilla, natural de Madrid, y de doña Aldonza de Aponte, natural de Villarejo), Procrearon a
1.º Gaspar de Prado Mármol y Castilla, que sigue, y
2.º Antonia de Prado y Castilla, que casó dos veces: la primera con Sebastián Zambrana de Villalobos, de quien fué tercera mujer y la segunda con Conrado Spínola, Caballero de Santiago.
IV. Gaspar de Prado Mármol y Castilla nació en Vicálvaro (Madrid), fué Paje de Su Majestad y se cruzó Caballero de la Orden de Santiago en 1631. Casó con doña María de Vargas.

EN ANDALUCIA

Rades de Andrada escribe (y lo reproduce Argote de Molina) que el Rey don Pedro I de Castilla envió por Adelantado de la frontera de Jaén con los moros, a don Juan Núñez de Prado, Maestre de Calatrava, y dice que era hijo de Pero Estébanez Carpenteyro o Carpentos, quien lo tuvo en la Infanta doña Blanca, hija del Rey don Alonso III de Portugal y hermana del Rey don Dionis. Don Juan Núñez de Prado cayó en desgracia de don Pedro I, quien lo prendió en Almagro (Ciudad Real). De allí le envió preso al castillo de Maqueda (Toledo), donde a los pocos días fué degollado. Dejó un hijo de su mismo nombre y apellidos, que murió antes que su padre y fué sepultado en la iglesia de Santo Domingo el antiguo, de Toledo, según consta por la inscripción de su sepultura, y de él descienden caballeros de este linaje que poseyeron casas en Extremadura. Otro hijo tuvo el don Juan Núñez de Prado, Maestre de Calatrava, en una dueña natural de la villa de Almagro. Se llamó Esteban de Prado y nada dicen los citados historiadores sobre si tuvo o no descendencia.
Tampoco indican si durante el tiempo que permaneció en Jaén, como Adelantado de aquella frontera, dejó allí sucesores y si de alguno de éstos procedió la familia Prado que andando el tiempo aparece con casa muy principal en la villa de Torredonjimeno, del partido judicial de Martos, en dicha provincia. De esa casa era descendiente en el último tercio del siglo XVI
I. Francisco de Prado, natural de Torredonjimeno, que casó con doña Magdalena Gallego, natural de Villanueva de los Infantes (Valladolid), y fueron padres de
II. Ginés de Prado, natural de Torredonjimeno, que contrajo matrimonio con doña María de Valenzuela, de igual naturaleza (hija de Juan de Valenzuela, natural de Torredonjimeno, y de doña Ana de Valenzuela, natural de Arjonilla), naciendo de esa unión
III. Juan de Prado y Valenzuela, natural de Torredonjimeno y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 23 de Septiembre de 1664.

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Otra casa andaluza de Prado radicó en la ciudad de Arcos de la Frontera (Cádiz), y a ella perteneció
I. Juan de Prado Romero, natural de Arcos de la Frontera, marido de doña María de Veas, de igual naturaleza, y ambos padres de
II. Antonio de Prado y Romero, natural de Arcos de la Frontera, que casó con doña Ana de Ayllón, natural de Jimena de la Frontera, en la misma provincia (hija de Alonso Ayllón y de doña María Delgado, naturales de Jimena de la Frontera). Tuvieron este hijo
III. Antonio de Prado Ayllón, natural de Arcos de la Frontera, Capitán de Granaderos del Regimiento de Córdoba y Caballero de la Orden de Santiago con fecha 27 de Octubre de 1756.

EN LA RIOJA, CON RAMA EN CHILE

La familia Prado riojana a que vamos a referirnos, también de notoria hidalguía, moró en la ciudad de Calahorra y en la villa de Rincón de Soto, del partido judicial de Alfaro, y una de sus ramas pasó a Chile.
I. Pedro Martínez de Prado y su esposa doña Magdalena Sáenz de Angulo fueron vecinos de Calahorra y padres de
II. Diego Martínez de Prado y Sáenz de Angulo, nacido en 1576 en la villa de Rincón de Soto (Logroño). A la edad de veinte años marchó a las Indias con una Compañía de Infantería de la Real Armada en la famosa expedición al Dorado. Fué conquistador de Tucumán. Siendo General de los Reales Ejércitos, el Rey don Felipe III, por Real Cédula de 1611, le confirió los cargos de Tesorero, juez Oficial Real y Regidor de Santiago del Estero (otorgándosele las Encomiendas del Tucumán y de Santiago del Estero). Fué también primer Alcalde de la ciudad de Arias y Contador de la Real Hacienda de Chile, fundador de la Real Aduana de la ciudad de Córdoba (Tucumán), Contador y Presidente de la Real Audiencia de Buenos Aires. Contrajo matrimonio, en Santiago del Estero, con doña Petronila de Medina y Garnica de la Canal (hija legítima del Capitán García de Medina y de doña María de Garnica, y sobrina-nieta de Atahualpa, último Emperador del Perú). De esa unión fué hijo
III. Pedro de Prado y Garnica de la Canal que nació en Santiago del Estero y fué Benemérito del Reino, Maestre de Campo General, Alcalde de Chile en 1681 y Corregidor y justicia Mayor en 1663. Obtuvo Real Confirmación de las Encomiendas llamadas «El Monte» y «Melipilla». Casó con doña María de Lorca y Chumacero (hija legítima del Sargento Mayor Andrés Jiménez de Lorca y de doña Juana Chumacero) y procrearon a
IV. Pedro de Prado y Lorca, General y Maestre de Campo General de Santiago de Chile, Alcalde en 1679, Corregidor General de 1687 a 1690 y justicia Mayor en 1689. Obtuvo Real Provisión de Encomiendas de Indias en 1698. Su hermano de doble vínculo Fray Vicente de Prado y Lorca perteneció a la Orden de Santo Domingo e hizo expediente de legitimidad y limpieza de sangre para su ingreso como Calificador del Santo Oficio en 1724. Contrajo matrimonio don Pedro con doña María-Clara Covarrubias y Montero del Aguila (hija legitima de Alonso Covarrubias y Montero del Aguila y de doña Ginebra Clara de Lisperguer, de ilustre familia flamenca). Fue hijo de ese enlace
V. Antonio José de Prado y Covarrubias, Capitán de los Reales Ejércitos, del que fué hermano de doble vínculo don Pedro, Capitán de la Caballería, Regidor General y Alcalde de Primer Voto en Santiago de Chile. Casó el primeramente citado, con doña Rosa Arroyo de Villanueva y Gómez, y fueron padres de
VI. Mariano-José de Prado y Arroyo de Villanueva, que perteneció, como Hermano, a la 3.ª Orden de Nuestra Señora de la Merced. Contrajo matrimonio con doña Juana Honorato y Ramos-Navarro (hija legítima del Capitán don Francisco Honorato y Agurto y de doña Victoria Ramos-Navarro, y tuvieron este hijo
VII. Francisco Solano de Prado y Honorato, que fué poseedor de todos los bienes pertenecientes a la Encomienda y Estancia llamada de «Tabón». Efectuó su enlace con doña María de los Dolores Villalón, y fueron padres de
VIII. Ignacio de Prado y Villalón, que estuvo en posesión de los bienes pertenecientes a la Estancia de «Tabón». Casó con doña María Margarita Delgado y Enríquez. Hijo de este matrimonio fué
IX. Julio-Ingnacio de Prado y Delgado, que se unió en matrimonio con doña María Adela Amor y Cilleruelo, de la Casa Solariega de Amor en Castro-Urdiales, y procrearon a
X. Juilio Alejandro de Prado y Amor, Regidor de Santiago de Chile, Diputado del Congreso Nacional, Ministro de Instrucción Pública, etc., etc. Casó con doña María Valdés y de la jara, naciendo de esta unión
XI. Julio de Prado y Valdés, nacido en Santiago de Chile el 6 de Enero de 1905, Ex-Diplomático chileno, Caballero de las Ordenes del Sol del Perú, del Mérito del Ecuador, del Nilo de Egipto, etc., etc. Casó en Zaráuz (Guipúzcoa), el 8 de Octubre de 1927, con doña Pilar Carvajal y Colón, nacida el 5 de Noviembre de 1906 (hija de Manuel Carvajal y Hurtado de Mendoza, Marqués de Aguilafuente, y de doña Pilar Colón y de Aguilera, Duquesa de la Vega de la Isla de Santo Domingo, Marquesa de Castiglione, titulo concedido como Principado el 20 de Abril de 1602). De este matrimonio, son hijos en la actualidad.
1.º Julio Prado y Carvajal, nacido en Madrid el 1.º de Noviembre de 1928, Caballero de la Orden de Malta, Hijodalgo de la Nobleza de Madrid y Santo Cáliz de Valencia.
2.º Diego Prado y Carvajal, nacido en Quito el 21 de Octubre de 1930, Caballero de la Orden de Malta, Hijodalgo de la Nobleza de Madrid y Santo Cáliz de Valencia.
3.º Manuel Prado y Carvajal, nacido en Quito el 17 de Noviembre de 1931, Caballero de la Orden de Malta, Hijodalgo de la Nobleza de Madrid y Santo Cáliz de Valencia, casado con doña Paloma de Eulate y Aznar en 5 de Septiembre de 1952. Bilbao.
4.º Fernando Prado Carvajal, nacido en Jerez de la Frontera el 18 de Octubre de 1937, y
5.º Jaime Prado y Carvajal, nacido en Madrid el 31 de Octubre de 1944
El Estado Español, por disposición, fechada el 24 de Marzo de 1941, ordenó se invirtiera el apellido Carvajal y Colón por Colón de Carvajal, disposición que afecta a don Ramón, don Cristóbal, doña Isabel, doña María, doña Pilar, doña María de la Soledad, doña Piedad, y doña Eugenia Carvajal y Colón, todos hijos legítimos de don Manuel Carvajal y Hurtado de Mendoza, Marqués de Aguilafuente, y de doña Pilar Colón y de Aguilera, Duquesa de la Vega. (El primogénito, don Ramón, sucedió en los títulos de Duque de Veragua, Duque de la Vega de la Isla de Santo Domingo, Marqués de Jamaica y Almirante y Adelantado Mayor de las Indias por la casa de Colón, y en el de Marqués de Aguilafuente por su padre).

MAS DATOS

Otra noble familia de este apellido enlazó con la de Mexía de la Cerda, Marqueses de Acapulco, y por Real despacho de 10 de Abril de 1835 se aprobó la cesión que de dicho título hizo don Antonio Mexía de la Cerda y Beltrán de Caicedo, quinto Marqués de Acapulco y sexto de Caicedo, a su primo don Pedro del Prado y Mexía de la Cerda.
I. Este Pedro del Prado y Mexía de la Cerda fue sexto Marqués de Acapulco y padre de
II. Mariano del Prado y Marín, séptimo Marqués de Acapulco por Real carta de sucesión de 6 de Junio de 1867, que casó con doña María Engracia Lisboa y Andrade, naciendo de esta unión
1.º Miguel del Prado y Lisboa, que sigue.
2.º Juana María del Prado y Lisboa, nacida en Quita (Escuador), y
3.º Luisa del Prado y Lisboa, nacida en Lisboa y casada en 1901 con Gonzalo de Sangro y Ruiz de Olano, tercer Marqués de Guad el Jelú, Grande de España.
III. Miguel del Prado y Lisboa nació en Madrid en 1687 y fue actavo Marqués de Acapulco en sucesión de su padre por Real orden de 17 de Septiembre de 1892, Caballero de la Real Maestranza de Granada y Gentilhombre de Cámara del Rey. Contrajo matrimonio en Madrid, en 1900, con doña María Luisa O’Neill y Salamanca, natural de Biarritz (hija de los Marqueses de la Granja y de Valdeosera) y tuvieron estos hijos:
1.º Mariano del Prado y O’Neill, noveno Marqués de Acapulco.
2.º José, Marqués del Rincón de San Ildefonso.
3.º y 4.º María Luisa y María Teresa del Prado y O’Neill.

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Como queda indicado en anteriores páginas, en Estremadura radicaron también familias de este apellido. Una procedió de don Juan Núñez del Prado, hijo del Maestre de Calatrava del mismo nombre y apellidos, y otra de Diego Núñez de Prado, hijo segundo de Rodrigo de Prado Comontes y de su mujer doña Catalina de Quiñones, citados en el párrafo II de la segunda rama de la Casa Asturiano-Leonesa de Martín Díaz de Prado. Otra residió en la villa de Barcarrota (Badajoz), con distinguida rama en La Habana, apellidada Prado Carvajal.

ARMAS

Las de la casa asturiano-leonesa descendiente de Martín Díaz de Prado: En campo de oro, un león rampante de sable. (Escudo 744.)
Son varios los heraldistas que afirman que ese león es «gritado», en lo que sin duda hay error, por que «gritado» es un término propio del blasón que sólo se aplica al animal que está cogido o apresado entre lazos o redes, y esta forma no corresponde al león de ese escudo.
Algunas ramas dimanadas de dicha casa modificaron los esmaltes poniendo: En campo de sinople, un león rampante de sable, perfilado de oro y coronado del mismo metal. (Escudo 745.)
Otras pintaron el campo de plata y el león de sable, salpicado de oro y coronado de este metal.
Escriben algunos tratadistas que en León y Castilla usaron también los Prado estas armas: Partido: 1.º, de oro, con un león rampante de sable, y 2.º, de plata, con un pino de sinople y junto a su tronco una doncella.
Este segundo cuartel recuerda la leyenda a que hemos aludido en los comienzos de este trabajo y parece ser que luego lo suprimieron.
Los Prado de las casas de Galicia usaron los dos primeros blasones que quedan descritos y dibujados, excepto los del lugar y pazo de Buin, pues en los expedientes de pruebas de los Caballeros de la Orden de Alcántara, Roque y Baltasar de Prado y Ulloa, se dice que sus armas eran: En campo de plata, un árbol de sinople y un león de sable empinado a su tronco. (Escudo 746.)
La casa solariega del lugar de Meruelo y la del Valle de Soba, provincia de Santander, ostentaban: La primera: En campo de sinople, el león rampante de sable, perfilado y coronado de oro, y bordura lisa de gules.
La segunda: «Un león grande en pie y no parece que el dicho escudo tenga más cuartel ni orla». Así se dice en los expedientes de los Caballeros de la Orden de Alcántara, don Pedro y don José Toribio Sáinz de Prado. Y sin duda se trata del mismo blasón de la casa del lugar de Meruelo sin la bordura.
Los de la Rioja y su rama de Chile traían el escudo primeramente descrito y señalado con el número 744, o sea: De oro, con el león rampante de sable.
Este blasón y también el que ofrece la variante de ser el campo de sinople y el león rampante de sable perfilado de oro y coronado de este metal, son los que más generalmente usaron las familias Prado no sólo en Asturias, Galicia, León, Castilla, Santander y la Rioja, sino también en Andalucía y Extremadura.
Hay heraldistas, sin embargo, que describen como propios, del apellido Prado los dos siguientes escudos.
En campo de gules, una torre de plata, de la que pende una granada del mismo metal. Saliendo de los costados de la torre, dos brazos de plata. Bordura de azur con seis calderas de oro.
Y de oro, con dos peces grandes puestos en palo y con escamas de gules. Bordura de plata con este lema en letras de sable: «Amo la verdura del prado».
Finalmente advertimos que algún tratadista asigna al apellido Prado uno de los blasones que corresponde al de «Prada».

Bibliografía.-«Nobiliario», de Blas de Navarrete, M., folio 166 vuelto.-«Linajes de España», de Pedro López de Ayala, M., folio 93.-«Nobiliario», de Jorge de Motemayor, M., folio 39.-«Libro de Linajes», de Juan del Corral, M., folio 358 vuelto.-«Linajes Nobles de España», de Diego de Urbina, M., folio 114.-«Nobiliario», de Arévalo, M., tomo I, folios 20 vuelto y 48 vuelto; tomo II, folio 129, y tomo V, folio 131.-«Libro de Armería», de Onofre Esquerdo, M., folio final.-«Nobiliario General de España», de Juan Baños de Velasco, M.. folios 271 vuelto y 369.-«Libro 4.º de linajes», de Juan Francisco de Hita, M., folios 174 vuelto y 179.-«Formulario de Armería>, de Miguel de Salazar, M., tomo I, folio 501, y tomo II, folios 181 y 355.-«Alfabeto General de Apellidos», de Francisco Zazo y Rosillo, tomo XXVIII, folio 545.-«Recopilación de Armas», de José Arévalo, M., folio 75.-«Solares Montañeses», de Mateo Escagedo Salmón, impreso, tomo VII, página 145.-«Crónica de la Provincia de Santander», del mismo autor, impreso, tomo II, página 317. «Historia de Familias Cubanas», del Conde de San Juan de Jaruco, impreso, tomo V, página 234.-«Nobleza de Andalucía», de Argote de Molina, impreso, páginas 465 y 582.-«Historia de la Casa de Lara», de Luis de Salazar y Castro, impreso, tomo I, páginas 258 y 675; tomo II, página 279, y tomo III, páginas 296, 297, 341 y 499.-«Historia de la Casa de Silva», del mismo autor, impreso, tomo I, página 373, y tomo II, páginas 158 y 160.-«Nobiliario de la Antigua Capitanía General de Chile», de Juan Luis Espejo, impreso, tomo I, páginas 136, y 199.-«Asturias Ilustrada», de José Manuel Trelles, impreso, tomo II, parte 1ª, páginas 329 y 334.-Expedientes de pruebas de nobleza de los Caballeros de Ordenes Militares que figuran en el curso de esta información, en el Archivo Histórico Nacional.-Datos de nuestro archivo.- «Tratado de Blasones», de Tomás Francisco de Monleón, M., folios 131 vuelto y 382